El presidente de EEUU es la estrella única de la singular Convención Republicana que se ha sacado de la manga para movilizar a los suyos de cara a las legislativas de noviembre
Hay veces que ser fan, aliado o votante de Donald Trump no es fácil, cómodo ni barato. El presidente y líder del Partido Republicano exige una entrega y lealtad absoluta y permanente a congresistas, senadores y gobernadores, a sus ministros y altos cargos, a los influencer y las estrellas mediáticas del mundo conservador. Sin matices ni dudas. Pero también demanda pruebas de fe y sacrificio a los simpatizantes, admiradores y curiosos, especialmente los que quieren verlo de cerca. Trump ha llegado este miércoles a Dallas para ser la estrella única de la singular Convención Republicana que se ha sacado de la manga para movilizar a los suyos de cara a las legislativas de noviembre, que pintan muy mal en las encuestas. Un acto a la medida pero también a la imagen y semejanza del líder, con sus cantantes favoritos de cabecera, su música fetiche, sus colores, sus productos de merchandaising por todas partes.
El presidente es alrededor del que gira todo y por eso la asistencia cuando arrancó oficialmente era muy escasa, menos de un tercio del American Airlines Center de la ciudad texana, puesto que él no había llegado todavía, ya que su polémico avión, donado por Qatar, tuvo un problema con un tobogán hinchable y se retrasó su despegue desde la capital. Pero su nombre era el único que se repetía una y otra vez. Y todas las fotos que recorren los pasillos del centro son del presidente, no de los aspirantes a llegar al Congreso en unas semanas. Su imagen está también en todas las acreditaciones y entradas, la de los famosos e invitados VIP y la de los periodistas y el público. Su rostro está en camisetas y gorras, e incluso destacaba un coche completamente dorado, con su apellido, en la puerta del pabellón, para dejar claro a todo el mundo que la reunión de estos dos días sólo tiene un protagonista.
Los que no tienen la suerte de haber sido invitados, o los que no pueden pagar los miles de dólares exigidos a los ya de por sí fieles para estar en las filas más cercanas al presidente, fueron congregados, a primera hora de la mañana del miércoles, en el Lone Star Park de Grande Praire, a 20 kilómetros de la ciudad, para hacer una cola a más de 35º para conseguir entradas para el acto, bautizado por los republicanos como el Trump-a-Palooza, un festival con poco de políticas y mucho de fetiche. Desde ahí, sin mochilas, comida u ordenadores, y tras cuatro horas de espera, arrancaban los autobuses, llenos de gorras rojas con el Make America great Again, enormes botas rojas desafiando las temperaturas y, sobre todo, infinitas banderas estadounidenses.
La Convención convocada por Trump llega en un momento muy delicado para el partido y por primera vez en mucho tiempo se escuchan voces anonimizadas proliferando en los medios de comunicación. Quejándose del presidente, de que su obsesión y su confianza total en sí mismo están dañando las opciones de sus candidatos en noviembre. Un responsable citado en la principal newsletter matutina de Washington, la de Politico, decía que rezaba para que los eventos contraprogramados del día, y en especial el arranque de la temporada de fútbol americano, propiciara "que nadie vea este espectáculo embarazoso". Otros hablaban, con parecidas esperanzas, del concierto de Guns'n'Roses en Arlington, a pocas millas y casi a la misma hora que el discurso del presidente, en otro estadio en el que caben el doble de espectadores.
Zuby, nacido en la India y residente en Dallas desde hace una década, no sabía que Trump y los republicanos venían a la ciudad y mostraba su sorpresa con una mezcla igual de horror y fascinación. "Este presidente 'es loco'", señalaba chapurreando español. "Pero ahora entiendo los mensajes que me estaban llegando, tengo que ir a verlo sin falta", añadió. Fausto, un mexicano hijo de un murciano, que lleva seis años en Texas, estaba igual. Poca fascinación dijo comiendo, pero algo de curiosidad porque había oído algo en la radio.
Pero el miedo de parte del partido no es sólo el potencial efecto lastre y no arrastre de un presidente que en 2024 movilizaba masas, pero que ahora está en mínimos de popularidad. Es todo lo que conlleva la cita, las reacciones que provoca, los personajes que viraliza. Esta Convención deja algunas semejanzas de color con las oficiales, e incluso con los mítines habituales del líder del movimiento MAGA, pero también visibles diferencias. Hay rezos, himnos, muchas banderas y algunos disfraces y shows. Pero el público principal es diferente, de más edad, mucho más formal. Miembros del partido por todo el país, buscando protagonismo, contactos, colocarse de cara al futuro.
Cosa diferente eran los dispuestos a horas de colas para acercarse a Trump, aunque fuera a distancia. Entre ellos estaba la tristemente célebre Micky Larson-Olson, una agitadora y creyente en la teoría de la conspiración de los hombres lagarto pederastas de Qanon, y que participó en el asalto al Capitolio, vestida de arriba abajo de rojo, blanco y azul, peluca incluida, denunciando su condena. En el pasillo del pabellón se veían por ejemplo también carteles delirantes, hechos con IA, que decían "Recuerden El Alamo", con el añadido "Don't Sharia My Texas" en referencia al Islam y la cara de figuras como el conspiracionista condenado Alex Jones y referencias visuales a series como Hijos de la Anarquía o Yellowstone. Y en un acto cercano se veía a James Fishback, una figura emergente de Florida de 31 años, con una agenda ultraderechista y antiisraelí, que puso muy nervioso al establishment republicano, y aunque perdió las primarias que es capaz de empujar a las calles a miles de adolescentes radicalizados.
La oposición también aprovechó su momento. Texas es un estado conservador en general, pero Dallas es un área muy progresista. Y un candidato demócrata, James Talarico, sale por primera vez en décadas bien posicionado para arrebatar un escaño vital en el senado al trumpismo. Mientras los 'delegados' republicanos llegaban a la ciudad, él contraprogramó con 'Ama a tu vecino', un acto muy seguido por las cámaras para alimentar a gente desfavorecida en una parroquia local, impulsando "un contraste con el baile de multimillonarios" de Trump.
Su partido rodeó también el centro de convenciones de furgonetas con pantallas que decían "Paxton protege a pedófilos", en referencia al polémico rival de Talarico. Y al mismo tiempo, los organizadores de una exposición itinerante sobre los papeles de Epstein han traído a Dallas sus decenas de miles de documentos sobre el caso y la investigación del financiero pederasta para recalcar su amistad con Trump. "Dallas tiene una clínica de nivel mundial especializada en demencia, por lo que ofrece un acceso más fácil y oportunidades para un presidente que claramente tiene una salud deteriorada", se regodeaba Kendall Scudder, responsable estatal de los demócratas en una convocatoria paralela.