El ejército de Estados Unidos anunció el miércoles que ha completado la retirada de sus tropas de Irak, poniendo fin a una misión de 12 años para combatir al grupo extremista Estado Islámico. Los últimos efectivos estadounidenses abandonaron la base aérea donde habían estado presentes en el norte de Irak en virtud de un acuerdo entre Bagdad y Washington.
La retirada, que se produjo en medio de la guerra en curso entre Estados Unidos e Irán —que en ocasiones ha salpicado a Irak—, fue presentada por Bagdad como una señal de la creciente fortaleza y soberanía del país. La medida fue celebrada por grupos respaldados por Irán, pero que a otros iraquíes les parece preocupante, en especial en la región kurda.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, indicó en un comunicado que las tropas y equipos de Estados Unidos habían completado una "salida ordenada" de la base aérea en Irbil, en la región kurda semiautónoma del norte de Irak. "Este hito refleja el éxito de una campaña de 12 años que derrotó a IS como una amenaza militar organizada en Irak y en toda la región", sostuvo. "Supone también una transición de una misión de coalición en tiempos de guerra a un esfuerzo de seguridad liderado por Irak, respaldado por una relación bilateral de seguridad más normal".
El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, presidió la ceremonia de entrega de la base y describió la retirada como el comienzo de "una nueva fase, definida por la soberanía de Irak, la fortaleza de sus instituciones, la preparación de sus fuerzas, la unidad en la toma de decisiones y las asociaciones equilibradas con sus amigos".
Las tropas estadounidenses invadieron Irak en 2003 para derrocar a Sadam Husein. Se retiraron en 2011, pero tres años después, las autoridades iraquíes invitaron a una misión más pequeña encabezada por el Pentágono para combatir al grupo extremista Estado Islámico, que había arrasado el país, apoderándose de grandes extensiones de territorio. Con el grupo extremista reducido a células durmientes dispersas, Washington y Bagdad acordaron en 2024 poner fin gradualmente a la misión.
Las tropas de Estados Unidos se retiraron de las bases en la mayoría de las zonas de Irak el año pasado, pero mantenían una pequeña presencia de cientos de efectivos en la región kurda semiautónoma del norte. Esas bases han sido atacadas con regularidad desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su guerra contra Irán el 28 de febrero.
Milicias iraquíes respaldadas por Teherán también se han coordinado con los rebeldes hutíes de Yemen para atacar a Arabia Saudí. Inicialmente, el Gobierno iraquí vinculó el plazo del 30 de septiembre para la retirada de Estados Unidos al desarme, para esa fecha, de los grupos armados no estatales. Aunque un puñado de milicias con poca influencia ha aceptado entregar las armas, grupos poderosos cercanos a Irán rechazaron esa posibilidad o fijaron condiciones de desarme que es poco probable que el gobierno pueda cumplir.Desde entonces, el primer ministro Ali al-Zaidi se ha retractado del plazo.
En declaraciones a 'The New York Times' a principios de mes, afirmó que la fecha límite para que las milicias depongan las armas se ha pospuesto hasta junio de 2027. Es posible que los efectos de la retirada de Estados Unidos no sean visibles de inmediato, sobre todo porque su presencia militar ya se había reducido. Pero autoridades de la región kurda iraquí han manifestado inquietud por su salida y, especialmente, por la retirada de los sistemas estadounidenses de defensa aérea.
El Ministerio de Peshmerga del Gobierno regional kurdo indicó que la región kurda enfrentó más de 1.000 ataques con drones y misiles balísticos durante el reciente conflicto entre Estados Unidos e Irán. "El retiro de Estados Unidos de la región del Kurdistán en estas complejas circunstancias regionales, sin la provisión de un sistema de defensa, es motivo de preocupación", afirmó el comunicado.
Los grupos aliados de Irán en Irak, por su parte, han celebrado la retirada de Estados Unidos. "La expulsión de las fuerzas de ocupación, derrotadas, del territorio iraquí es el comienzo de la plena soberanía", dijo en un comunicado Abu Mujahid al-Assaf, un responsable de seguridad de la poderosa milicia Hizbulá. Añadió una advertencia a al-Zaidi y a su gobierno para que no ejecuten planes estadounidenses, y amenazó con que "cualquier gobierno que no trabaje en beneficio del pueblo será derrocado por todos los medios".