En las últimas horas la capital de Yemen, bajo control de la milicia rebelde hutí, ha vuelto a ser escenario de bombardeos saudíes, en el último episodio de la escalada militar en la península Arábiga. La agencia Saba, vinculada al grupo insurgente, denunció la andada de ataques, que se suma a los combates sobre el terreno entre las fuerzas gubernamentales, respaldadas por Riad, y los hutíes, que reciben apoyo de Irán. El Gobierno saudí por su parte, denunció la intercepción de dos misiles balísticos y cuatro drones, un ataque que ha sido desmentido por el grupo insurgente.
La alianza internacional creada por Arabia Saudí para combatir a los hutíes acusó esta semana al grupo de haber atacado una instalación eléctrica en Medina, ciudad santa del Islam. Según la coalición, el martes fue objeto de ataques en una estación de distribución eléctrica que abastece a la mezquita del Profeta, lo que dejó fuera de servicio parte de las instalaciones del lugar.
La alianza asegura que el ataque forma parte de lo que describió como una agresión hutí contra los dos santuarios más sagrados del islam, tras repeler un primer ataque cerca de la Meca. Una fuente militar hutí rechazó las acusaciones y afirmó que Riad pretende encubrir su "fracaso" en la actual contienda.
Arabia Saudí lanzó en agosto una coalición para hacer frente a la amenaza del grupo yemení, reuniendo el apoyo de más de una veintena de países. Si bien la alianza informa a diario sobre el conflicto, por el momento ningún país se ha sumado a los ataques saudíes contra el grupo.
Mientras, las fuerzas gubernamentales de Yemen informaron de continuos enfrentamientos contra los hutíes en Taiz, la tercera mayor ciudad del país. Los choques se han extendido a varias provincias del suroeste del territorio y han provocado desde julio más de 800 muertos y al menos 200.000 desplazados, en un país devastado por una década de guerra civil.
La frágil tregua vigente desde 2022 se quebró hace tres meses, cuando Irán envió a Saná un avión con una delegación hutí, desatando una intervención militar por parte de Arabia Saudí, que sigue controlando el espacio aéreo de Yemen. Ante la agresión, los hutíes atacaron territorio saudí y lanzaron un desafío contra las embarcaciones vinculadas al país que atraviesen el mar Rojo. La escalada de tensiones alcanzó un nuevo hito en agosto, cuando el grupo rebelde tomó el control de un punto estratégico en la orilla del mar Rojo, que le permite seguir y atacar los buques que pasan por el estrecho de Bab el Mandeb, el cuello de botella vital para el transporte de crudo y combustible desde el Golfo al Mediterráneo.
El desafío hutí ha sido un golpe para Riad, que había desviado en los últimos meses gran parte de su exportación de petróleo del Estrecho de Ormuz al mar Rojo, debido a la guerra de Irán. Según el medio estadounidense Axios, el príncipe heredero, Mohammed bin Salman, pidió a Washington que interviniera ante el avance militar hutí hacia el estrecho, pero el presidente estadounidense, Donald Trump, se negó, aludiendo que su Administración no prevé intervenir directamente en el conflicto por ahora. Por el momento, Washington ha enviado un tercer portaaviones a Oriente Próximo, ante las advertencias de Trump de un posible nuevo ataque contra Irán.