El Gobierno de Yemen reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudí anunció este domingo el inicio de una gran ofensiva militar para recuperar todas las zonas controladas por los hutíes, el grupo rebelde apoyado por Irán, en una operación que la televisión oficial yemení calificó de “hora cero”. Con ello, pasa de una postura defensiva frente al tándem hutí-iraní a una ofensiva.
El presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial (el Gobierno en funciones), Rashad al Alimi, anunció en un discurso grabado el inicio de operaciones militares para recuperar lo que queda del país y extender la autoridad del Estado y sus instituciones sobre todo el territorio nacional. Dijo que había dado instrucciones a las fuerzas armadas, a las de seguridad y a todas las formaciones militares para que “comiencen a ejecutar sus misiones, conforme a los planes aprobados, hasta liberar el país del yugo de la milicia terrorista”. Para ello cuentan con el apoyo de la aviación saudí.
El discurso del presidente llega aproximadamente una semana después de que anunciara la decisión de llamar a filas y movilizar a la población. Un portavoz militar pidió después a los hutíes que depongan las armas, informa Reuters.
Presidential Leadership Council President, the Supreme Cmdr of the Armed Forces Dr, Rashad Al Aleemi announces the commencement of military operations to liberate the remaining territory of the Republic & restore state authority pic.twitter.com/IQppy3VAt3
— Yemen Army Media (@Yemenarmyeng) October 4, 2026
Alimi aseguró que se han agotado todas las vías para rebajar la tensión, agradeció el apoyo saudí y pidió ayuda a los aliados regionales e internacionales. “Todas las instituciones del Estado estarán, desde este momento, en estado de movilización total hasta cumplir la misión y lograr la victoria rotunda”, añadió.
Como respuesta, Ansar Alá, el grupo político-militar de orientación chií zaidí y aliado estratégico de Irán (más conocido como los hutíes), anunció haber lanzado misiles balísticos y drones contra instalaciones de la petrolera estatal saudí Aramco en Riad y en la zona de Khurais. Según el grupo, en declaraciones recogidas por la cadena de televisión catarí Al Jazeera, los ataques provocaron graves incendios y responden a las decenas de bombardeos aéreos y con misiles de la coalición liderada por Riad en las últimas 12 horas.
Asfixia Económica E Impás Diplomático
En las últimas 48 horas, los rebeldes han avanzado sobre varias colinas cerca de la sureña Taiz —la tercera ciudad del país—, estratégicas y disputadas desde 2015 por ambos bandos, según fuentes militares citadas por Reuters. Amenazan, también, la última carretera que la une con Adén.
El mes pasado, los hutíes lanzaron una ofensiva por la que tomaron en pocas semanas el puerto de Moca y la isla de Mayun, con la que controlan de facto el cruce marítimo por el estrecho de Bab el Mandeb y unos 150 kilómetros de costa del mar Rojo. Una posición que les confiere un mayor poder disruptivo sobre el suministro mundial de hidrocarburos con la presión sobre una ruta clave del comercio marítimo, cuya importancia ha crecido como alternativa al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz.
El momento elegido para la ofensiva responde, en buena medida, al bloqueo de las vías diplomáticas. Tanto el canal de negociación de la ONU como el más discreto abierto a través de Omán, que dio pie a la tregua de 2022, están paralizados, y los hutíes han intentado aprovechar esa parálisis para capitalizar su baza en Bab el Mandeb en la mesa de negociación con Riad.
La escalada entre los hutíes y el Gobierno que respalda Arabia Saudí amenaza con abrir otro frente en la guerra contra Irán, lanzada el pasado 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, y con reactivar un conflicto interno yemení, que comenzó en 2015 y que ha dejado el país totalmente dividido, con dos capitales y dos gobiernos bajo la injerencia de la suní Riad en competición con la chií Teherán.
Desde Saná, los hutíes controlan el 30% del territorio entre el norte y el noreste, pero gobiernan sobre el 75% de la población. Desde Adén, y con parte de su Ejecutivo afincado en Riad, el Gobierno legítimo regenta el sur y el este.
Arabia Saudí entró en la guerra civil en 2015 al frente de una coalición árabe y no logró derrotar a los hutíes. Una tregua firmada en abril de 2022 entre estos últimos y Riad había congelado los frentes internos y los 1.200 kilómetros de frontera que comparten ambos países. El alto el fuego se mantuvo en gran medida hasta este año, cuando los rebeldes atacaron con misiles y drones buques e infraestructuras petroleras saudíes.
La pausa en la rivalidad entre Arabia Saudí e Irán se trasladó al ámbito económico con el bloqueo de Ormuz por parte de la Guardia Revolucionaria, que ha lastrado la producción de Riad y del resto de petroestados del Golfo. Según un informe publicado en septiembre por el cartel de la OPEP, Riad redujo en un 23% su producción en agosto. Esa caída, sin embargo, se ha visto compensada por los mayores ingresos unitarios por la fuerte subida en el precio de venta. Ya en 2019, un ataque hutí con drones contra instalaciones de la compañía saudí Aramco (propiedad del Estado en un 90%) provocó la paralización de más del 40% de la producción de crudo.
La decisión de pasar a la ofensiva plantea nuevas preguntas sobre cómo responderá la región, ya inmersa en el fuego cruzado, y ante las reticencias de Washington de verse arrastrado a una segunda guerra en el mar Rojo. Riad puede buscar activar los acuerdos regionales firmados recientemente, ya sea con Ankara y Pakistán en el Pacto de La Meca —del que aún no se conocen todos los detalles oficiales— o, más relevante, con la llamada Coalición del mar Rojo. Esta última iniciativa fue anunciada el pasado 31 de julio por Riad, creando una alianza militar multinacional para proteger la libertad de navegación y las rutas de suministro energético a través de Bab el Mandeb, el mar Rojo y el golfo de Adén frente a los ataques hutíes.
Por su parte, los rebeldes buscan forzar unas negociaciones y, con ellas, la reapertura de puertos y aeropuertos en su zona, así como el reparto de los ingresos del petróleo y de las tasas de Yemen, para poder pagar los salarios de sus hombres conforme la crisis humanitaria llega a límites críticos para la población. El Programa Mundial de Alimentos advirtió la semana pasada de que tres de cada cuatro familias pasan hambre en algunas zonas del país por el aumento de los combates, con decenas de miles de desplazados y un acceso a los suministros aún más reducido.
Yemen es el país más pobre de Oriente Próximo y suele situarse entre los tres más pobres del mundo, junto a otros conflictos olvidados como Sudán del Sur y Afganistán. La ONU estima que el 60% de las 377.000 muertes entre 2015 y 2022 se debieron a causas indirectas: hambre, falta de atención sanitaria o destrucción de infraestructuras. En la zona hutí, sometida a estrictas sanciones internacionales y de Arabia Saudí, estas agravan aún más la crisis.