Mahmud Abbas ha sido este jueves uno de los protagonistas de la Asamblea General de la ONU. El presidente de la Autoridad Nacional Palestina ha arremetido contra Israel por lo que ha llamado “un plan colonial maligno para hacer imposible a la vida de los palestinos”. Pero estas palabras no las ha pronunciado frente al archifamoso atril donde hablan la mayoría de líderes del mundo. Abbas ha tenido que quedarse en Ramala y enviar un vídeo grabado el día anterior porque la Administración de Donald Trump le ha denegado el visado.
El de Abbas no es el único caso. El líder de facto de Sudán, Abdel Fattah Al Burhan, tampoco ha obtenido el permiso para viajar. Estos vetos violan la norma de que el país anfitrión, Estados Unidos, debe facilitar los trabajos de las delegaciones de la Asamblea General. En medio del silencio generalizado, Trump elige qué líderes tienen derecho a hablar en la ONU y quiénes no.
Estos vetos contrastan con la imagen del día anterior, cuando el presidente iraní, Masud Pezeshkián, lanzó sus críticas a Washington sin ningún problema desde la sede de Naciones Unidas. La delegación iraní, eso sí, está sujeta a restricciones de viaje, con la prohibición de compra de artículos de lujo y otros bienes, según un portavoz del Departamento de Estado.
El acuerdo de sede de la ONU de 1947 obliga a Estados Unidos a permitir el acceso de diplomáticos extranjeros. Pero Washington sostiene que puede denegar visados por motivos de “seguridad, terrorismo y política exterior”.
En el caso de los altos cargos palestinos, la explicación fue ligeramente distinta. El Departamento de Estado declaró la semana pasada que no tendrían visado por no haber cumplido con los compromisos adquiridos en acuerdos anteriores de buscar la paz con Israel. En un comunicado, el Departamento señaló que la Autoridad Palestina había emprendido acciones legales contra Israel ante el Tribunal Internacional de Justicia y el Tribunal Penal Internacional, y que seguía pagando a las familias de prisioneros condenados por ataques contra israelíes.
“Como consecuencia de su falta de reformas, contraria a los compromisos adquiridos con Estados Unidos, y de sus continuas actividades que socavan las perspectivas de paz, Estados Unidos prorrogará las sanciones que deniegan visados a los miembros de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y a los funcionarios de la Autoridad Palestina", indicó en un comunicado el Departamento de Estado.
El caso del líder sudanés es ligeramente distinto. Al Burhan, cuyo ejército combate contra las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) desde 2023, tenía previsto dirigirse este miércoles a la ONU, algo que ya había hecho en dos ocasiones desde el inicio de la guerra. Fuentes citadas por Reuters aseguran que Estados Unidos condicionó la concesión del visado a que aceptara una tregua de tres meses. El Departamento de Estado de Estados Unidos no ha explicado por qué ha denegado el visado, pero sí dijo el martes en un comunicado que ni el ejército ni las RSF “ni sus respectivos líderes” representan un gobierno “legítimo y constitucional” de Sudán.
El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su “profunda preocupación” por la decisión de no conceder el visado a Al Burhan. “El secretario general insta al país anfitrión a garantizar que los visados se expidan de conformidad con sus obligaciones en virtud del Acuerdo de Sede, a tiempo para que el presidente pueda participar en persona en los trabajos de la Asamblea General”, dijo el portavoz de Guterres.